El amor en mi vida lo puedo resumir en tres momentos.
A quien más le he “demostrado” mi amor.
Aquella persona con la que di todo de mí mismo, que amarla me
dolió hasta los huesos, con quien conocí los límites de este sentimiento y los míos también, alguien cuya principal mérito
en mis recuerdos es que tiene la virtud de que me hizo conocer lo mejor y lo
peor de mí hasta todos los limites posibles, con él aprendí que las personas no
tenemos defectos simplemente características, y que de las historias de vida, de
las que más se aprende son aquellas que concentraron todas tus fuerzas hasta darnos
cuenta que ya no se puede dar más de nosotros mismos.
A quien “mejor” he querido.
Fue con quien aprendí que el amor no se encuentra, el amor
se construye, y que la base de esa construcción se cimento en la confianza, la
amistad, la cordialidad y el respeto, siempre he pensado que uno debe aprender
de sus errores para no volver a cometerlos, y lo que fui con él es el resultado
de todos los errores que había cometido en mi vida, aprendí que es más
importante la historia que el final, y que siempre que decida estar con alguien
daré lo mejor de mí, sin temor al resultado.
A quien más he amado.
Aquella persona que cuando nos topamos en el mismo camino de
inmediato que me hizo creer que como en la mitología, en otra vida estuvimos
unidos por la espalda hasta que fuimos divididos y separados, y desde entonces
deambulamos por universos paralelos esperando la vida en que nos encontraríamos,
alguien que entro en una habitación exclusiva en mis pensamientos y no dejo
espacio para nadie más, y que se convirtió en la única persona que con una sola
palabra o una sola acción tiene el poder de derrumbarme o elevarme hasta el
cielo, y aunque nuestra vida llevo caminos distintos siempre estará dando un
poquito de luz en un rincón del lado oscuro de mi corazón.
No sé si soy demasiado joven para deducir esto, pero en este
punto, en este momento miro hacia atrás y es lo que percibo, La vida es
demasiado larga y paradójicamente demasiado corta como para aprender todo de
tan solo una persona. Y aunque he tenido
otras historias que me han regalado bellos momentos y de las cuales he
aprendido, y de alguna u otra manera se han quedado impregnadas en mí, a veces no importan tanto cuando llegues, si
no quien llega primero…

a veces no importan tanto cuando llegues, si no quien llega primero… No entendí eso...
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