miércoles, 19 de marzo de 2014

RAYUELA

El día que decidimos separarnos, mi última petición fue quedarme con tu libro de “Rayuela” el cual había empezado a leer justo veintidós días antes, quizás porque ese me parecía el final perfecto para el inicio del relato de esta historia.

Como muchas de las relaciones de mi vida, nos conocimos de la casualidad y aunque al principio te evitaba, no puedo negar que al empezar a conocerte más, había algo en ti, algo que me atraía, algo que te hacia “diferente” y hacia a un lado los motivos por los cuales descartaba el intento de algo contigo. (Pero eso es otra historia). 

 Quizás fui un romántico al citarte por primera vez en un lugar que sabría que cada vez que pasara frente a él me acordaría de ti, llegué unos minutos tarde, cualquiera que me conozca un poco sabe que la puntualidad no es lo mío, te vi de lejos esperando al pie de la escultura del caballo de bronce, vestías jeans color vino y playera blanca, al verte y mirar que me veías apuntando con tu cámara fotográfica no puedo evitar contener la risa y sentirme un poco tímido. 

 Ese día visitamos 3 lugares, chocolate, pozole y cerveza fueron parte de lo que nos acompañó mientras nos conocíamos, nos mirábamos, reíamos y coqueteábamos, había todos los elementos para hacer de esa primera cita algo “Particular” que aunque fue en lugares comunes, todo tenía un toque de naturalidad y autenticidad. Mientras te observaba y analizaba cada movimiento, cada palabra, dejando fluir el momento la velada termino en mi apartamento “dicen que hay besos de esos que te los dan y resucitan a un muerto” mientras tu cabeza estaba recostada en mis piernas incline mi cabeza y nuestros labios se tocaron por primera vez, acto seguido dije –yo nunca he besado un muerto- después de eso la noche sucedió… 

 Las citas y los fines de semana compartidos se volvieron algo frecuente, entre nosotros nunca hubo una declaración, simplemente dejamos que la naturalidad fluyera y la historia se fue construyendo a base de risas, cenas, vino, velas, sudor, espontaneidad, caminatas, fotografías, atardeceres, amaneceres, libros, besos, días, cine, miradas, silencios, caricias, estrellas, lunares, papiroflexia, flores, gatos, música, néctar, pantalones cortos, bicicletas, mar, nubes, lluvia, nueces, viajes, despedidas, bienvenidas, abrazos, llamadas, conciertos, mofas, pasteles, teatro, sueños, familia, navidad, barcos, arena, pasto, frió, calor, pereza, simplicidad, tonterías, ocurrencias, independencia, libertad, confianza, fortaleza, amor, detalles, reciprocidad, sexo, risas, risas, risas……..


“Yo también creo en el amor a primera risa” 

 Cuando decidimos vivir juntos una sensación de ansiedad nos invadió, “nosotros siempre fuimos cuidadosos de nuestro espacio” sin embargo vivir contigo ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, aprendí mucho de ti y de “mi mismo” jamás imagine que podría acoplarme tan bien a alguien, “si hay un momento que siempre recordaré de ti, es cuando te despedías de mi por las mañanas mientras yo dormir, me besabas en mis sueños y en mis despertares, y me di cuenta que durante ese tiempo mi primer pensamiento cada día era el amor que te tenía”.

Por las noches era mi turno de despedirte, cuando te arropaba y besaba de buenas noches, la mayoría de las veces me quedaba unos minutos contigo abrazándote mientras cerrabas los ojos y esperabas dormir.

  “tú eras lo primero en mi al despertar, y yo era lo ultimo en ti al dormir” 

 Contrario a las demás historias de amor, en la nuestra hubo más buenos momentos que conflictos, a veces pensaba que a pesar de todo lo que teníamos, siempre nos faltó “parecer” que estábamos locos el uno por el otro, pero me di cuenta que valen más las “risas, cenas, vino, velas, sudor, espontaneidad, caminatas, fotografías, atardeceres, amaneceres, libros, besos, días, cine, miradas, silencios, caricias, estrellas, lunares, papiroflexia, flores, gatos, música, néctar, pantalones cortos, bicicletas, mar, nubes, lluvia, nueces, viajes, despedidas, bienvenidas, abrazos, llamadas, conciertos, mofas, pasteles, teatro, sueños, familia, navidad, barcos, arena, pasto, frío, calor, pereza, simplicidad, tonterías, ocurrencias, independencia, libertad, confianza, fortaleza, amor, detalles, reciprocidad, sexo, risas, risas, risas” que la locura. 

Congelare en mis recuerdos “aquellos muchos” momentos de silencio, cuando rosaba mi cara con la tuya y con mi mano acariciaba tu cara para después se tocaran suavemente nuestros labios. Tal vez nosotros nunca “Anduvimos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” sin embargo sucedimos… 

Somos dos seres con conflictos internos (como todos), quizás yo percibí de ti que eres demasiado realista y filosófico y estabas lleno de cicatrices,  o tal vez yo soy demasiado frío, arrogante y jamás quise ir detrás de nadie, y ambos nos analizamos con demasiada precisión el uno al otro, o quizás nos falto querer enloquecer un poco en esta historia de cuatrocientos treinta noches. pero "después de ti" me siento diferente "me hiciste bien", sin darte cuenta me rescataste de mi auto exilio.

En esta historia de "tresmil millones de latidos",  contigo aprendí a  “amar la trama más que el desenlace”. 

 “Rayuela” porque los días que lo leía fue el ocaso de nuestra historia, y fue inevitable reflejarme en sus conflictos, tal vez si lo hubiera leído en otro momento de mi vida o nunca, mis palabras de despedida serian otras. 

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